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Semillas de cilantro

Érase una vez una semilla que llevada por el viento, cayó en un lugar inhóspito entre las rocas, un sitio donde parecía imposible que algo pudiera germinar. La semilla se sintió muy triste y pensó: “Nunca llegaré a ser algo más grande que una simple semilla. No tengo la fuerza ni las habilidades necesarias para crecer”.

 

A pesar de tener todo el potencial para convertirse en una gran flor, se sentía sola y sin amino se preguntaba, si algún día lograría florecer. Un ave que pasaba por ahí escuchó su lamento. Al ver la fuerza oculta en aquella semilla, decidió volar hacia la madre tierra para pedir ayuda. La madre tierra, conmovida por la situación, llamó al sol y a la lluvia. Juntos se dirigieron hacia la semilla y le dijeron: 

“Abre tus hojas

al viento y abre tus

hojas al sol,

en tu interior

hay un gran corazón.

Rompe la coraza,

libérate ya,

una hermosa flor

pronto nacerá.”

La lluvia comenzó a caer, suavizando la tierra. La semilla se hundió en el suelo fértil, tomando fuerza con el agua y el calor del sol. Poco a poco, empezó a germinar. Sus raíces se adentraron en el suelo, buscando alimento y sostén. Sus hojas, como dos ojitos verdes, se abrieron maravilladas ante el mundo. El tallo creció con determinación, y finalmente brotó una flor: un círculo lleno de pecas, rodeado de pétalos amarillos. Aquella flor tan hermosa era un girasol, fuerte, radiante. Desde ese día no importaba cuan obscuro fuera su día siempre miraba a la luz del sol.

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